Euro digital: ¿qué es exactamente y para qué servirá?

La futura moneda digital aún está envuelta en más dudas que certezas, y sus beneficios y riesgos dependen de a quién se pregunte. Aunque cada vez es más probable que vea la luz dentro de un par de años, sus proclamas de inclusión financiera, soberanía económica y privacidad no están del todo claras. Si no queremos que sus impactos, ya sean buenos o malos, nos pillen desprevenidos, debemos prepararnos para su llegada.

De lo poco que sabemos sobre el euro digital, “una cosa está clara: las CBDC [siglas en inglés para monedas digitales de banco central] tienen el potencial de afectar significativamente al mundo”, sentencia contundente un informe de McKinsey sobre esta nueva forma de dinero. Así que la gran pregunta es: ¿el impacto será bueno o malo? De momento, parece que nadie tiene respuesta. Ya hay 87 países explorando su potencial, según la consultora, que en conjunto representan más del 90% del PIB global, pero, en lo que se refiere a la iniciativa de la Unión Europea (que es la que a nosotros nos interesa) todavía hay muchos detalles en aire.

Es lo que tiene que la iniciativa siga en fase de investigación desde que el Eurosistema anunció que iba a empezar a estudiarla en julio de 2021. Desde entonces, la información ha fluido por goteo y por ahora no está confirmado que el euro digital vaya a ver la luz algún día, aunque todo apunta a que finalmente sí saldrá adelante. “La cuestión ya no es si sí o si no, sino cuándo”, señaló el actual presidente del Eurogrupo, Paschal Donohoe, en una reciente tribuna en Politico.

Las dudas en torno al hipotético euro digital son tantas que su lista de ventajas, desventajas y riesgos varía en función de a quién se pregunte. Dado que los pagos móviles ya están tan asentados en la economía y responden a tantas casuísticas diferentes, hay quien considera que todas las monedas digitales de banco central no son más que “una solución en busca de un problema”, como irónicamente tituló su discurso el miembro de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal de Estados Unidos Christopher J Waller en agosto de 2021 ante los movimientos del país para explorar su propia CBDC y de la ofensiva de Mark Zuckerberg para que su compañía se encargara del desarrollo.

“Creo que lo primero que hay que hacer es preguntarse si existe una necesidad imperiosa de que la Reserva Federal cree una moneda digital. Yo soy muy escéptico”, dijo Waller entonces. Pero, a medida que los consumidores han ido aumentando su interés por las criptomonedas de ámbito privado, y que otros gobiernos han empezado a trabajar en sus propias CBDC, con China a la cabeza, parece que la UE ha visto en ellas una oportunidad para mejorar su soberanía en pagos. Y, si finalmente el euro digital acaba funcionado con cadenas de bloques (otro detalle en el aire, aunque poco probable), también podría aprovechar de las ventajas que ofrece esta tecnología en el ámbito de los pagos.

Así lo cree el miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BEC) responsable del proyecto del euro digital, Fabio Panneta, quien un par de meses después de la intervención de Waller dijo: “Algunas personas afirman que los CBDC al por menor serían redundantes dada la amplia oferta de medios de pago digitales privados. En mi opinión, es justo lo contrario. El buen funcionamiento de los pagos, fundamental para la estabilidad monetaria y financiera, depende en última instancia de que el dinero soberano siga desempeñando su función de anclaje en la era digital. Así pues, los bancos centrales deben evolucionar con las cambiantes tecnologías, hábitos de pago y ecosistemas financieros”.

Los pocos detalles que parecen estar claros es que el euro digital no aspira a sustituir al efectivo, sino a complementarlo, y que, a diferencia de las criptomonedas privadas, su principal misión será la de actuar como medio de pago, no como producto de inversión. A nivel usuario, teóricamente cualquiera que cambie euros físicos por sus homólogos digitales [los cuales tendrían una equivalencia de valor de 1:1 al estar respaldados y emitidos por el BEC], no debería notar ninguna diferencia a la hora de pagar o recibir dinero.

VENTAJAS, SEGÚN SE MIRE

Entre las nuevas posibilidades que podría ofrecer, la que más suelen destacar los expertos es la de programar el envío de dinero siempre que se cumplan ciertas reglas. Este concepto, conocido como pago programable, permitiría, por ejemplo, que una persona programe el pago de su alquiler en fracciones diarias y que una empresa emita pagos a sus proveedores en función de los ingresos concretos de cada día o semana. Sin embargo, tampoco está claro que la versión final del euro digital vaya a incorporar esta posibilidad.

En cuanto a la privacidad, la cosa también está bastante turbia, tanto, que incluso ha dado lugar a su propio movimiento conspiraonico, como demostraron los más de 1.000 participantes que se concentraron en una manifestación antieuro digital el pasado febrero en Ámsterdam. “Algunos temían que el Estado lo utilizara para rastrear y controlar sus gastos, mientras que otros sospechaban que se trataba de un complot para sustituir el dinero en efectivo”, cuenta el Financial Times.

“Una manifestante declaró a los medios de comunicación holandeses que temía que las autoridades le impidieran comprar carne o alcohol”, añade el medio. Lamentablemente, por descabellado que suene, en realidad todo sería posible con una moneda totalmente centralizada y controlada por un único organismo de carácter gubernamental. Si el sistema de crédito social de China ya utiliza la identificación biométrica para limitar el acceso a determinados servicios de aquellos ciudadanos cuyo comportamiento no considera adecuado, ¿por qué no iba a meter mano en sus finanzas a través del yuan digital?

En el caso de su homólogo europeo, de nuevo, la clave está en cómo se regule y hacia dónde avance la UE y sus países miembros en la cuestión democrática. Si nos movemos hacia el totalitarismo, tendremos totalitarismo. La buena noticia es que, “a diferencia de las empresas privadas”, Panetta afirma que el Banco Central Europeo asegura que no tiene “ningún interés comercial en almacenar, gestionar o monetizar los datos de los usuarios de un medio de pago digital”. Ahora bien, ¿qué pasa con los intereses políticos y de poder?

En el caso del BCE, que sería el encargado de emitir los euros digitales, su portavoz afirma que el organismo no cobrará a los usuarios. Pero que el Banco Central Europeo no imponga comisiones no quiere decir que nuestra futura moneda digital común vaya a salirnos totalmente gratis. “Los intermediarios ofrecerán servicios basados en euros digitales para cubrir sus costes. Se trata de una cuestión complicada que habrá que abordar: la interacción entre bancos, intermediarios y clientes”, matiza el experto.

Luego está el tema de la inclusión financiera. El hecho de que las operaciones en euros digitales carezcan de las típicas comisiones por mantenimiento y operaciones podría mejorar la bancarización de personas cuya situación económica o legal no les dificulta acceder a una cuenta bancaria tradicional. No obstante, al tratarse de un producto tan tecnológico y dependiente de la conectividad, también podría convertirse en una enorme barrera para usuarios con baja alfabetización digital, como las personas mayores, y en entornos y situaciones donde no haya conexión a Internet.

Para este último punto, Panetta valora la posibilidad de incorporar funciones que permitan pagos y gestiones offline sin necesidad de disponer de conexión, por ejemplo, a través de sistemas de infrarrojo cercano o Bluetooth. Además, como teóricamente esta opción tampoco registrará los datos de las operaciones, se convertiría en la forma de pago más parecida al efectivo. Eso sí, el responsable también afirma estar valorando imponer un límite máximo a estas transacciones para evitar algunos de los principales males del cash, como el blanqueo de capitales y la evasión fiscal.

De momento, lo único claro es que hay más dudas que certezas en cuanto al euro digital. Pero, en vista del salvaje oeste en el que se han convertido las criptomonedas privadas (cuyo caos ha requerido la creación de una normativa europea específica) y de los cada vez más problemas que estamos sufriendo como sociedad ante la ausencia de principios de precaución de la industria digital, es de agradecer que la Unión Europea esté siendo tan cauta a la hora de plantear una iniciativa que podría transformar de arriba abajo las finanzas y, en consecuencia, prácticamente todos los demás aspectos de la vida. Aunque seguimos sin saber si será para bien o para mal, al menos lo estamos investigando.

Sobre la firma

Marta del Amo

Periodista tecnológica con base en ciencias. Coordinadora editorial de 'Retina'. Más de 12 años de experiencia en medios nacionales e internacionales como la edición en español de 'MIT Technology Review', 'Público', 'Muy Interesante' y 'El Español'.

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