Sin alfabetización digital no hay ascensor social

La educación es el motor de la transformación social por excelencia. Por eso, al igual que debemos pelear por que existan igualdades tecnológicas, también es necesario ser conscientes del futuro al que se van a ver enfrentados los jóvenes a su costa. Un horizonte donde quienes no tengan una correcta alfabetización tecnológica, se enfrentan al ostracismo.

Es muy fácil quedarse atrás cuando todo avanza a ritmos tan acelerados. La tecnología es una herramienta de liberación, sin duda, pero también puede encarnar el elemento diferenciador más crítico. Especialmente, en una sociedad que se encomienda tanto a ella. Porque la tecnología es más que un medio de vida. En esta era digital se ha convertido, directamente, en una forma de entender la vida. De estar en ella. Así que, imaginen a quien no tiene acceso a ella, no sólo como alguien vulnerable a los ineludibles y constantes cambios que se suceden, sino como alguien incapaz de adaptarse al mundo que lo rodea. En definitiva, imaginen a una persona en peligroso riesgo de exclusión.

Sin embargo, vayamos a un cuadro menos dramático. Atendamos a una generación joven con un fácil acceso a la tecnología. Muchas veces, existe la idea de que esos jóvenes poseen los mecanismos necesarios para su buen uso. Sin embargo, la realidad dista mucho de ese prejuicio. Y nos encontramos con adolescentes, e incluso niños, que no sólo hacen un mal uso de la tecnología, sino que, además, comienzan a desarrollar cuadros psicológicos peligrosos a razón de su mala praxis. Una carrera a varias velocidades que, al igual que comentábamos al principio respecto al acceso general a la tecnología, lleva implícita la discriminación de quienes no tienen la capacidad de adaptarse correctamente. ¿Es un problema de los jóvenes? ¿Es un problema de los docentes? ¿Es un problema de los padres? Y, más importante, ¿quién tiene la solución?

A fin de resolver estas cuestiones, Summit: Conversaciones Humanitarias para cruzar las líneas rojas, organizado por Fundación Cruz Roja, tuvo el acierto de convocar una mesa-debate con el título Educación Conectada. Una charla en la que varios expertos en materia de educación y pedagogía debatieron sobre los actuales retos de la educación digital, y desarmaron un buen número de falsos clichés sobre la tecnología y la necesidad de que los jóvenes hagan uso de ella.

La periodista Ángeles Caballero, mediadora del encuentro, no quiso dejar pasar la oportunidad de subrayar la importancia de ver la tecnología como una aliada para hacer llegar el conocimiento y las oportunidades a todos. «No es solo la tecnología, sino su sofisticación y digitalización lo que debe ser aprovechado para facilitar el acceso a la educación de calidad«, afirmó. A juicio de la periodista, la digitalización de la educación no debería ser vista como un obstáculo, sino como una vía para eliminar las brechas sociales y permitir que todos los estudiantes, independientemente de su contexto, puedan acceder a un futuro mejor. En otras palabras, hacer de la educación digital una encarnación del ascensor social.

Por su parte, Chelo Fernández, Head of Observatory de la Fundación Barcelona Mobile World Capital, hizo un análisis crítico sobre los principales obstáculos para una educación digital transformadora, asegurando que uno de los más grandes desafíos es la resistencia al cambio. «Ya no podemos seguir poniendo ‘brilli-brilli’ a la transformación educativa«, señaló. «Las estructuras actuales son un reflejo de un sistema que ya pertenece al pasado». En opinión de la experta, el primer paso es un cambio de mentalidad en el sector educativo. «El futuro será mucho más complejo, y necesitamos prepararnos para ello», agregó Fernández, momentos antes de criticar la excesiva circulación de discursos del miedo que frenan el uso adecuado de la tecnología en las aulas. «Cuando hay un cambio profundo, la primera reacción suele ser la visceralidad, lo que corta nuestra capacidad de juicio. Las pantallas se usan cada vez más en los hogares, y no podemos simplemente retirarlas de las aulas sin ofrecer alternativas educativas», aseveró con rotundidad.

Para Fernández, la solución está en la alfabetización digital, que no se limita a la capacitación en el uso de herramientas tecnológicas, sino a comprender cómo navegar en el mundo digital, identificar los riesgos y aprovechar sus beneficios. “Alfabetizar digitalmente significa entender para qué nos interesa la tecnología y qué riesgos debemos evitar”, explicó. Una tarea que, como destacó la profesional, acarrea la necesidad de involucrar a los padres. «La solución está en generar espacios de diálogo en el hogar, algo que se puede lograr mediante el juego«. Sin embargo, ¿no parece nuestra sociedad un pozo ocioso donde todo debe pasar, como dijo Neil Postman, por “divertirse hasta morir”? ¿Acaso es bueno dejarse arrastrar por esa tensión también en la educación?

Frente a estos interrogantes, Fernández defiende el modelo de educación por proyectos, donde los estudiantes desarrollan proyectos reales con la guía de los docentes. “Es importante que los estudiantes se enfrenten a proyectos que les motiven y les permitan aplicar lo aprendido, y eso tiene una parte lúdica. Hay juego”, una línea de actuación que la experta lamenta no existe, prácticamente, en el contexto español. “En otros países ya han avanzado, pero aquí seguimos esperando que cada individuo se alfabetice por su cuenta. Además, el formato tradicional de acumular información y repetirla está obsoleto. Es momento de avanzar hacia un aprendizaje más dinámico», sentención Fernández.

En una línea más ligada al uso, per se, de la tecnología en las aulas, la profesora de Cibercomunicación y nuevos medios en la UCJC, Laura Cano, también hizo una crítica contundente al retroceso en la visión de la educación digital. «Estamos viviendo una regresión. Se sigue difundiendo la falsa idea de que las nuevas generaciones no están preparadas para la tecnología, cuando la realidad es que la tecnología es ubicua y no podemos seguir ignorando su presencia en nuestras aulas«, reflexionó.

Durante su intervención, la profesora subrayó la importancia de que las nuevas generaciones reciban educación digital, sobre todo en contextos de vulnerabilidad, ya que muchas veces la escuela es el único lugar donde los niños pueden acceder a estas herramientas. También destacó la disparidad entre centros educativos con recursos tecnológicos avanzados y aquellos que carecen de ellos, lo que genera una brecha que debe ser abordada. «La tecnología debe pensarse en el ‘para qué’, no en el ‘por qué’. Y muchas veces, el ‘por qué’ ha sido manipulado por intereses comerciales, usándola como marketing», agregó Cuesta, apelando a una integración reflexiva y equilibrada de las herramientas digitales.

«Es fundamental generar una nueva generación de jóvenes que tengan habilidades digitales, pero que no vean su capacidad de atención vulnerada hasta los límites en los que parece que estamos llegando«, recalcó la docente al ser preguntada por los preocupantes datos sobre la paulatina reducción en la capacidad de atención de los jóvenes. A colación de esto, Cano hizo un llamado a los docentes a usar la tecnología de manera complementaria, no sustitutiva. «No podemos tener a niños desde los tres años con dispositivos tecnológicos en el aula, ni mucho menos hacer que sólo utilicen tecnología, olvidando herramientas analógicas como los libros o los cuadernos».

A medida que los estudiantes avanzan, sin embargo, la profesora considera que la tecnología puede enriquecer el aprendizaje de forma estratégica. Aun así: «tenemos que enseñar a los estudiantes a hacer buenas preguntas, a pensar de manera crítica, y a no usar la tecnología simplemente para copiar y pegar«, indicó Cano. «Ya no podemos seguir pidiendo a los estudiantes que hagan un resumen de un texto que ya han leído. Tenemos que encontrar nuevas formas de evaluar el aprendizaje», culminó con energía.

A modo de guinda holística, mucho más enfocado en cuestiones de orden histórico, el catedrático emérito de la UCM, Mariano Fernández, cerró el debate con una reflexión sobre la transformación educativa que está teniendo lugar. «Estamos ante una transformación incomparable a las anteriores. Aprender a leer y escribir fue una revolución en su tiempo. La imprenta, otro gran cambio. Hoy estamos ante la digitalización, el siguiente, que llega a una velocidad vertiginosa«, afirmó Fernández. Según él, la escuela tradicional, con sus estructuras rígidas, no podrá resistir frente a la magnitud de la revolución digital. «La digitalización no es solo una herramienta, es un cambio estructural que afecta la forma en que entendemos el aprendizaje y la educación en su conjunto«, concluyó.

El catedrático, a modo de síntesis, hizo un llamamiento a la revisión profunda por parte de las instituciones públicas, y los administradores docentes, de cómo la educación se organiza y se distribuye en la sociedad. Un examen a los métodos en los que nos seguimos anclando, especialmente en el entorno patrio, que pueden hacer que vayamos perdiendo posiciones en la carrera por una generación futura bien formada y capacitada para hacer frente a los retos venideros.

A grandes rasgos, gracias a las aportaciones de los expertos, quedó claro que si bien la tecnología puede transformar el acceso a la educación y mejorar la calidad del aprendizaje, su implementación debe ser cuidadosa para evitar profundizar las desigualdades existentes. La clave está en entender la tecnología como una herramienta, pero también en cuestionar el sistema educativo y las estructuras tradicionales que se han quedado atrás. La educación del futuro requiere un enfoque más flexible, inclusivo y adaptativo, capaz de integrar la tecnología de manera crítica y reflexiva, siempre teniendo en cuenta las necesidades sociales y las realidades locales de los estudiantes. Solo de esta forma, la educación digital podrá convertirse en un motor real de cambio social y bienestar para todos.

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