¿Las lideresas son para el verano? La diversidad solo es un eslogan en la hipermasculinizada tecnología

Omnipresentes campañas, escuelas de verano, programas de liderazgo… el márketing de las empresas tecnológicas nos inunda con mensajes de diversidad e inclusión, pero la dolorosa realidad es muy diferente. Sólo el 23 por ciento de los empleados del sector son mujeres. Los eslóganes no bastan para resolver este enorme problema.

Odio volar. Puedo asumir que, mediante la transmisión de señales de radiofrecuencia a satélites en órbita podamos comunicarnos en tiempo real de una punta a otra del planeta. Por ahí, pase que te va. Pero me resisto a naturalizar, no alcanzo a creer, que se pueda hacer volar un buitre de metal de 85 toneladas con 50 cabezas de ganado humano dentro. Aun así, sigo la rampa y me acomodo en la silla del matadero aéreo. Me siento como la cabra a la que suben al campanario de la plaza del pueblo. Todo sea por la profesión…

Aterrizo, con el desayuno aporreando mi garganta, en Praga. Ciudad épica, magnífica, ¡divina y divinosa! donde las haya, para la Summer School for Female Leadership in the Digital Age. Sí, el nombre suena a campamento de verano, a saca cuartos para que progenitores adinerados suelten la mosca a una avispada organización que ha entendido que las palabras ‘mujer’, ‘líder’ y ‘era digital’ en la misma frase suenan como el jackpot de las máquinas tragaperras. No obstante, las 29 jóvenes, de entre 18 y 24 años, cada una representante de uno de los Estados de la Unión Europea, más una de los Balcanes Occidentales y una ucraniana (que Eurovisión sirva de ejemplo), no tienen por qué llevar título nobiliario en su apellido.

Las escogidas para disfrutar de esta enriquecedora estancia en Praga podrían ser herederas, pequeñas caciques, de fortunas europeas. Sin embargo, van a gastos pagados. No es necesario una cartera del tamaño de Andorra para acceder a esta escuela del verano del amor al liderazgo. Basta, sin que eso sea poco, con haber sido más original y profesional en la solicitud, que este año han alcanzado la friolera de 2.500. Y es que, ¿quién no quiere que Huawei le ponga los dineritos para estar una semana rodeada de las que serán las futuras líderes del continente? Como especifica su directora, Berta Herrero: “Debemos apostar por la diversidad y la igualdad en el mundo de la tecnología. Es la forma de que nadie se quede atrás en esta revolución digital. Estas 29 mujeres serán quienes liderarán ese progreso y generarán el cambio”. Casi nada la presión…

Todo está dispuesto en esta escuela de los sueños para hacer creer a sus alumnas en los sagrados frutos del esfuerzo y el poder de la determinación. No por nada, el Martinic Palace, emblemático palacete que ha acogido las charlas y clases de la escuela (igualito a los barracones de las aulas valencianas), está atestado de paneles motivacionales de mujeres como Gerti Cori, primera en ser Premio Nobel en Fisiología y Medicina. Una técnica que los soviéticos ya entendieron como eficaz con los carteles de Alekséi Stajánov y que, sin duda, aviva los fuegos de la pasión en las afortunadas alumnas con la misma intensidad. No por nada se encarga Huawei del asunto que, aunque de maoísta tiene poco, aún conserva los eficaces dejes publicitarios de sus antepasados.

Clases sobre economía digital, desarrollo de negocio o ética de la empresa, son algunas de las materias impartidas durante la semana. Estas jóvenes salen más preparadas para pelear en el ring laboral tras este intensivo de siete días que después de cuatro años de carrera. Por ejemplo, una cosa sorprendente son las lecciones de metodología para hablar en público y la interacción empresarial. Resulta que a las lideresas del futuro les cuesta dar la mano. Un gesto tan básico, tan significativo de la expresión corporal, que las generaciones Instagram tienen dificultad para realizar, entregando un muñón de dedos flácidos o dándoselas de marinero de barco.

La representante española, Maitane González, a la que apoyo con la patria ceguera de quién apuesta siempre por Nadal, aunque le guste más el juego de Djokovic, destaca: “El futuro pasa por la tecnología y las mujeres deben ser parte del futuro. Una de nuestras tareas era desarrollar una aplicación y, con mis compañeras, ideamos una propuesta, tipo Tinder, para poner en contacto a las PYME con posibles inversores. Es en aplicaciones como esas donde va a estar el porvenir y, si las mujeres no aprendemos desde ya a desarrollarlas, es que no seremos parte de él”.

La tónica general de los discursos de la escuela pasa, lógicamente, por poner en valor el trabajo femenino. Destacar obviedades como que la capacidad de las mujeres no está por debajo de la de los hombres se impone como mantra illuminati, así como el uso del término ‘empoderamiento’; dogma principal de la cita. Por otro lado, la maternidad también sale a relucir en bastantes ocasiones. Incluso la diputada al Parlamento Europeo Angelika Niebler hizo una clara mención en su discurso a la viabilidad que representa ser madre y líder a la vez. La línea de esta separación trajo a mi mente el debate escrito que mantuvo recientemente Ana Iris Simón con un artículo de Elvira Lindo titulado No sólo traemos hijos al mundo. En la pieza, Simón destaca la contradicción de Lindo al reclamar a las nuevas escritoras abandonar la insistencia en la crianza, ya que han abandonado la “forzosa cárcel de la domesticidad”, sin ser consciente de la cosmovisión generacional que las separa de aquellas que sí la vivieron.

Ser mujer, y madre, no es igual en la época de Lindo o en la de Niebler, que en la de la autora de Feria o las jóvenes que acuden a la escuela, y no debería, por tanto, tratarse igual. Sin embargo, en la mayoría de razonamientos se evitaba hablar de maternidad como si de una posible rémora, ¡una quimera contra la ascensión al Valhalla de las lideresas europeas!, se tratara, o, como hizo Niebler, destacando su viabilidad con las tareas de las jefas de equipo. Poco se habló de la posibilidad de delegar en la pareja las responsabilidades, y no digamos ya de poder anteponer, llegado el caso, la crianza a la erótica del poder de pasearse por los altillos de los líderes europeos. Porque, como bien sabemos, para liderar hay que tener pocas deudas vitales.

Otro de los asuntos que chirriaba es que Huawei, una empresa china con casi todos sus altos cuadros de entrepierna paquetera, realice una inversión millonaria para una escuela de verano de liderazgo femenino. Me cuesta creer que el gigante asiático lo haga tanto por un firme compromiso con la mejora de la sociedad, como por obtener ese rédito mercantil que, bien visto, le sale barato a la hora de poder barrer luego posibles críticas. Una actividad muy expandida en el sector tecnológico, quienes multiplican sus campañas de integración a la mujer desde hace años, pero sin resultados tangibles a la hora de la verdad. Prueba de ello son las cifras que demuestran una brecha de género en las tecnológicas con tan sólo un 23 % de mujeres en las plantillas. El Unga Unga de los machos de la especie, de esos Tarzanes tecnócratas, sigue resonado con demasiada fuerza en todo aquello relacionado con las TIC (Tecnologías de la Información), y eso que, desde 2010, según la ONU, el cuarto jueves de abril es el Día Internacional de las Niñas en las TIC. Toma, Jeroma, pastillas de goma. Al final, en esta industria, estos eventos parecen una campaña de promoción vegana financiada por una multinacional cárnica. Cierto que, en el caso de esta escuela de verano, se trata de un gesto encomiable y bueno, pero, ya lo dijo T. S Elliot: “El mayor pecado es hacer lo correcto por la razón equivocada”. Uhm… Aunque, bien pensado, si no se hace por la razón equivocada no se termina haciendo nunca así que… oye, en parte, bienvenido sea. Siempre confiando en que no se quede en una cosa shakespeariana y el sueño dure más que una noche de verano.

Al fin y al cabo, son las alumnas el objeto final de este proyecto y para ellas, sea por una limpieza de cutis empresarial o por un firme compromiso ético con la mejora de la sociedad, es un regalo poder contar con una semana recibiendo clases de analistas como Miguel Otero Iglesias, directoras de seguridad como Iva Tasheva, o académicas y expertas en género como Marcela Linkova. Además de, por supuesto, darle una privilegiada inyección a su catálogo de contactos. No sólo entre las alumnas, quienes, seguro, planificaran eficaces redes de apoyo en el futuro, sino incluso con las ponentes.

Como dijo la analista de política digital Andrea G. Rodriguez: “Una vía muy eficaz para lograr mejorar posiciones es conectar y aprender de mujeres que ya estén en posiciones elevadas. Encontrando su apoyo e integrando su sabiduría, es como se pueden lograr muchos objetivos”. Porque, asumámoslo, en tecnología, cultura, política, justicia, incluso para ser tornero fresador de primera, el esfuerzo debe arroparse con eficaces dosis de comunicación y aventajados contactos en la memoria del teléfono.

No podía tampoco faltar el amigo favorito de la tecnología. El cromosoma que determina, en casi todos los casos, su derrota o triunfo: el dinero. La pasta reina. Nadie puede dudar que el liderazgo, sea del género que sea, pasa por el filtro plutocrático. El cargo de business woman era uno de los que se despachaban con más orgullo. Ponentes como la fundadora y CEO de 50inTech, Caroline Ramade, reconocía la importancia de ser potentes económicamente como forma de reivindicación: “Una mujer empresaria debe ser suficientemente fuerte económicamente como para no ser tratada con inferioridad”. Cosa que, mal que duela, es una verdad como un piano.

La era digital está plagada de grandes tecnológicas que pelean por hacerse con una parte del pastel. Un ambiente dorado hasta los huesos de competitividad, donde la mínima flaqueza puede ser un punto débil que explotar a ojos del adversario. La feminidad, desafortunadamente, aún sigue siendo uno de esos argumentos de menosprecio en las altas esferas económicas y parece lógico, transparente incluso, que la mejor arma para coser a balazos semejante desdén sea contar con más dígitos en el banco que el potencial atacante. Bastante más, en mi humilde opinión, que refugiarse en los discursos de algunas de las ponentes quienes, interrogadas por las vías a seguir en el camino del liderazgo femenino, no se le caían los anillos al decir: “Con confianza. Lo lograréis. Si queréis podéis lograrlo. Sólo está en vuestra mano hacerlo”. ¡Bluagh! El coaching vende-humos no tiene fronteras. Por suerte, las alumnas, quienes saben más por diablas que por viejas, no dudaban en gesticular con justificado cinismo a semejantes pantomimas. Si nos ponemos a hablar de liderazgo en tecnología, más vale un liberalismo práctico, que un idealismo de salón.

Tras una semana de jornadas completas a dosis altas de saberes y valores, llega el viernes noche. La ceremonia de clausura es digna de la magnificencia del proyecto. Reservado para disfrute de los involucrados, acoge la cita un palacio que debió hacer las delicias en su tiempo de un altísimo cargo de la nobleza checa. Es como pasearse por un pequeño Versalles del este. ¡Y qué estilo y carisma despachan todas las lideresas del mañana! Incluida Berta Herrero quien, además de organizadora de la escuela, estrena su reciente cargo de Head of Equality, Diversity and Inclusión para Huawei descolgándose por la gala como la reina del baile. Con un despampanante vestido blanco de brillantes lentejuelas a la altura de un casamiento caro, se baña en el amor y el cariño que le demuestran alumnas y ponentes. Con que una, o dos, de cada promoción de esta academia de las artes del poder alcance su potencial estatus, Herrero podrá colgarse la medalla de mentora de las comandantes del futuro. Un resultado que, huelga decir, será como haber invertido en criptomonedas cuando casi nadie sabía de su existencia.

Raro sería que, por ejemplo, Bukky Adebowale, de 23 años y representante de Irlanda, no sienta a partir de ahora un agradecimiento radical a la escuela, a Herrero y a Huawei, tras haber sido elegida ganadora definitiva del programa llevándose a casa el título de ‘Líder del Futuro’. Un honor que le abrirá las puertas como si el mundo fuese el Ritz y ella vistiese un carísimo Chanel con tocado de plumas.

La Summer School for Female Leadership in the Digital Age es una oportunidad diamantina para las jóvenes europeas de labrarse enriquecedoras oportunidades. Puede que, más que por lo que aprenden en sentido teórico, por la práctica de relacionarse con la élite femenina y la camaradería que labran con quienes, tal vez, dirijan parte de sus vidas, nuestras vidas, en unos años. Los puentes tendidos durante la semana perdurarán, y no hay que preocuparse tanto por si quienes los financian lo hacen para facilitar el tránsito o para decorar el reino.

Al final, con pantomima o sin ella, sí es cierto que las mujeres están destinadas a liderar el mundo. Aunque, con el tiempo, cabe esperar que no haga falta especificar su género para ensalzar su trabajo. Tal vez esta era digital, con todas sus sombras, sí sea el amanecer de un mundo donde los líderes sean eso, líderes, sin importar nada más. Una labor que merece la pena honrarse y por la que apostar. 

Sobre la firma

Galo Abrain

Periodista y escritor. Ha firmado columnas, artículos y reportajes para The Objective, El Confidencial, Cultura Inquieta, El Periódico de Aragón y otros medios. Provocador desde la no ficción. Irreverente cuándo es necesario.