El iceberg de las vocaciones STEM femeninas

Acciona y Homeward Bound, el programa internacional de liderazgo femenino para mujeres científicas y tecnólogas (STEMM), llevan años enviando a un importante número de expertas a una de las zonas más inhóspitas del planeta; la Antártida, con el objetivo de avanzar en el liderazgo inclusivo y la colaboración en materia de retos científicos.

Poner en duda que debemos replantearnos la brújula del liderazgo global si queremos conservar el planeta es un hecho incontestable. Que esa reorientación debe estar capitaneada por la igualdad de género, también. Sin embargo, aún no resulta inverosímil encontrarnos con fotografías de líderes internacionales en las que el porcentaje de mujeres es muy reducido. Un desequilibrio que, afortunadamente, cada vez se resuelve con mayor rapidez, en aras de lograr un futuro donde el liderazgo femenino sea un hecho asumido que no haga falta ni promocionar. Hasta ese día, sin embargo, la sociedad debe contar con la implicación de sus agentes públicos y privados para lograr este cambio. Un giro de timón que no solo nace de la búsqueda de una mayor paridad, sino también de otra forma de entender el liderazgo. Una estrategia basada en la cooperación, la comunidad, el entendimiento y el cuidado del entorno, y no sustentada en la destrucción competitiva de cuanto nos rodea.

Y ahí, en el amparo de esa transformación, se encuentran Homeward Bound; un programa que busca contribuir a los movimientos de desarrollo sostenible, promoviendo un liderazgo inclusivo y empoderador. Su objetivo es que 10,000 mujeres se sumen a este proyecto de aquí a 2036, abarcando diversas disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Matemáticas y Medicina). Las participantes tienen la oportunidad de formarse en liderazgo durante un año, con un enfoque centrado en la idea del «hogar global», entendiendo que la naturaleza y la humanidad están conectadas de manera profunda.

Además, el programa culmina con una expedición de 3 semanas a una de las zonas más hostiles y a la vez naturalmente ricas del planeta: la Antártida. Una vivencia en la que las participantes dan forma a todo lo aprendido, y que 8 mujeres STEM compartieron en una mesa de debate organizada por Acciona y Homeward Bound.

La experiencia de las expedicionarias en la Antártida

Una de las claves del programa es la capacidad de las participantes para enfrentarse a los retos globales. Edith Guedella, bióloga ambiental, compartió su experiencia personal en la Antártida al reflexionar sobre el poder de la visión humanista, el pensamiento crítico y la escucha activa. “Al principio, tenía muchas preguntas sobre los objetivos y cómo sacarles el máximo provecho. Pero luego cambié. Me di cuenta de que el objetivo no era tanto alcanzar una meta específica, sino seguir el camino y aprender a escuchar. Aprendí que la escucha activa, al permitirnos entender a los demás, puede llevarnos al activismo y, lo más importante, a la búsqueda de soluciones colectivas. Mi lección más importante fue pasar de lo individual a lo colectivo”, aclaró Guedella, destacando la importancia de la empatía y la colaboración.

La ingeniera de caminos, María González, recordó cómo en su sector, históricamente dominado por hombres, las mujeres fueron ocupando poco a poco puestos de relevancia, convirtiéndose en modelos a seguir para las futuras generaciones. “Siempre decimos que necesitamos referentes. Mi sector, que era un mundo muy masculinizado, fue cambiando poco a poco. Ahora, hay mujeres en puestos de relevancia que están motivando a las jóvenes a elegir lo que realmente quieren, sin que el género sea una limitación·, expresó González, destacando la importancia de la representación y la visibilidad de las mujeres en áreas históricamente dominadas por hombres.

Marta Crespo, ingeniera y responsable de energía fotovoltaica, también resaltó la importancia de la colaboración. Según su visión, tras participar en Homeward Bound, las mujeres del programa se hicieron más conscientes de la necesidad de trabajar juntas para lograr soluciones más creativas e innovadoras. “Lo que aprendimos en este programa es que la colaboración es clave para abordar problemas complejos. Nos dimos cuenta de que, al trabajar juntas, no solo fuimos capaces de encontrar soluciones más innovadoras, sino que también pudimos abordar los problemas desde muchos puntos de vista distintos. Esa diversidad de perspectivas nos hizo más fuertes. Además, el entorno de la expedición, con sus paisajes impresionantes, nos recordó lo pequeños que somos en el gran esquema de las cosas, pero a la vez, nos hizo sentir una gran responsabilidad. Un día, vimos un bloque de hielo que parecía una isla, y resultó ser un mega iceberg. Tenía el tamaño de una quinta parte de Madrid. Estar allí, en medio de esa inmensidad, fue una experiencia sobrecogedora, que nos hizo conscientes de que la Antártida tiene un papel fundamental en la regulación de la temperatura del planeta. Nos convertimos en embajadoras de ese lugar”, relató Crespo, poniendo en valor la trascendencia del entorno natural y el papel vital de la Antártida en el equilibrio climático global.

Redes de colaboración para el cambio global

Llegado su turno, la bióloga molecular, Anna González, expresó la necesidad de aprender unas de otras para mejorar mutuamente. “Lo que más valoro de Homeward Bound es la posibilidad de aprender de las demás. La experiencia compartida es invaluable. Nos enriquecimos mutuamente, y creo que eso es lo que más necesitamos en estos tiempos”, aseguró González, abordando la importancia de construir redes de colaboración entre mujeres científicas y tecnólogas de diferentes disciplinas y partes del mundo.

Por su parte, la científica Alba Fernández, bióloga molecular, señaló cómo la experiencia en Homeward Bound permitió generar una red de amistad y colaboración interprofesional que va más allá de las fronteras de la ciencia. “Lo que surgió de todo esto fue una red de colaboración que no solo se limitó al ámbito profesional, sino que también se convirtió en un apoyo humano fundamental. Las conexiones que creamos aquí fueron invaluables, no solo porque nos ayudaron en nuestra carrera profesional, sino porque también nos dieron fuerza a nivel personal”.

La meteoróloga y presentadora del tiempo de Antena 3, Mercedes Martín, hizo hincapié en la importancia de la diversidad en la toma de decisiones. “Lo que realmente hace falta es diversidad en la toma de decisiones. No solo hablamos de género, sino de experiencias de vida, de orígenes diferentes, de perspectivas distintas. En nuestro grupo, éramos 124 personas, mujeres y personas no binarias, de 23 nacionalidades diferentes, cada una con un bagaje único. Esto nos dio una visión global que sería impensable si no contáramos con esa diversidad”, afirmó Martín, reflexionando sobre cómo las experiencias personales y profesionales de cada participante contribuyeron al éxito colectivo del proyecto.

La ingeniera mecánica, y veterana de este proyecto, Hilde Pérez, destacó que el liderazgo femenino trasciende la simple igualdad de género. Se trata de un liderazgo que tiene un impacto global, fomentando la colaboración y tomando decisiones con un enfoque integral para la resolución de problemas complejos. “El liderazgo femenino no se trata sólo de equidad. Es un liderazgo que busca un impacto global”, aseguró. “Con esta formación, aprendí a creer en mi propia voz. Me quitó el síndrome de la impostora de golpe. No se trata de ser una ‘supermujer’, sino de tener la seguridad de que tenemos algo que aportar. A veces, basta con creer en ti misma y en tus capacidades para cambiar el curso de las cosas”, concluyó Hilde, subrayando la importancia de la autoconfianza y la superación personal.

El futuro: Tanzania y la lucha contra el cambio climático

Con la mirada puesta en el futuro, Homeward Bound anunció que el nuevo destino de la expedición para 2025 será Tanzania. Un recordatorio de cómo, aunque la Antártida es un laboratorio natural esencial para entender el cambio climático, el trabajo de estas mujeres no termina allí. La Antártida fue solo el comienzo de una larga travesía hacia la sensibilización y la acción global.

El futuro del planeta, especialmente en términos de sostenibilidad y cambio climático, depende de la capacidad de las nuevas generaciones de líderes para asumir la responsabilidad. Las mujeres STEM son esenciales en este camino. La diversidad, la cooperación y la inclusión son más necesarias que nunca para garantizar un futuro mejor y más justo para todos.

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