Bill Gates y las vacas. Ciencia contra la España del chuletón

Tras animarnos al veganismo y financiar varias empresas de alternativas vegetales a la carne, la última cruzada del fundador de Microsoft para reducir las emisiones de la ganadería consiste en modificar la dieta de los animales para que sus eructos no emitan tanto metano. Y si existe alguna otra forma de frenar el impacto de esta industria, seguro que ya la está estudiando.

Por @RhizomatikaLab

26 de diciembre de 2021. Los españoles celebran unas navidades con menos restricciones a pesar de que algunos cenan a solas con ómicron y el miedo a la sexta ola pandémica aún sobrevuela las fiestas. Pero, de repente, esa mañana el tsunami de opinadores y todólogos cambia de epicentro cuando el diario británico The Guardian publica una entrevista con el ministro de Consumo, Alberto Garzón. Un par de frases, sacadas de contexto, inundan las redes. La España del chuletón tiembla iracunda, el territorio de la caña y la libertad se revuelve. Twitter, Instagram y hasta TikTok se llenan de filetes y barbacoas. Sin embargo, la evidencia científica es clara: reducir el consumo de carne roja es bueno para usted y para el planeta.

Así que, si usted es de esos a los que el trabajo de los centros de investigación no le basta para dejar de cenar hamburguesas con beicon, tal vez convenga recordar la guerra que Bill Gates lleva librando contra las vacas (o a favor de ellas si uno se pone en el pellejo del herbívoro) desde hace unos años. “Todos los países ricos deberían pasar a la carne 100% sintética”, dijo poco antes de la polémica española, cuando presentó su libro How to Avoid a Climate Disaster (Cómo evitar el desastre climático). Y es que él, que sí controla mucho de ciencia y tecnología, sabe de sobra que la ganadería es una de las industrias más contaminantes del mundo, con las vacas como principales responsables.

Por eso, mientras el magnate de la tecnología sigue intentando convencernos de que nos despidamos de los filetes, ha decidido ampliar su porfolio de estrategias con una especie de “si no puedes con el enemigo, únete a él”. Su fondo Breakthrough Energy Ventures acaba de convertirse en el inversor principal de la start-up australiana Rumin8, que está desarrollando un suplemento dietético para reducir la cantidad de metano que los animales producen y liberan a causa de su fermentación entérica (una forma elegante de decir que minimiza los gases de efecto invernadero que los rumiantes expulsan en forma de eructos y ventosidades más escatológicas).

Es decir, se trata de atacar a la dieta de las vacas para hacer sus digestiones más ecofriendly. Si los humanos no digerimos igual unos macarrones con chorizo que una ensalada verde, a los animales les pasa lo mismo. Pero, en su caso, sucede con algunas especies de algas, que se procesarían y añadirían como suplemento al pienso, como quien le añade sriracha a cualquier plato.

La idea de conseguir ganado neutro en carbono a partir de su alimentación se conoce desde años. En 2016, investigadores de distintas instituciones australianas encontraron una reducción de más del 80% del metano emitido por ovejas alimentadas durante 72 días con un pienso enriquecido con un 3% de una especie de asparagopsis. Este género de alga es típico del país y el mismo con el que trabaja Rumin8 y un montón de start-up más, en vista del potencial de la idea.

Incluso la propia UE ha empezado a tenerla en cuenta. Hace un año creó el Foro EU4Algae, entre cuyas líneas de trabajo figura la de utilizar este recurso marino como fuente de alimento para animales, y a finales de 2022 la Comisión Europea emitió un comunicado para “crear oportunidades para la industria de las algas y ayudarla a convertirse en un sector sólido, sostenible y regenerativo”, algo especialmente importante si se tiene en cuenta que, a nivel mundial, su valor de mercado podría alcanzar los 3.500 millones de euros para 2025.

Pero, dado que las algas se usan en multitud de sectores, como el alimentario, el energético y el cosmético, volvamos a las vacas, que es lo que nos ocupa. Como le decía, modificar su dieta no es el único frente bovino en el que Gates está metido. Si dijo que los países desarrollados solo deberíamos comer carne sintética es precisamente porque él mismo está invirtiendo en esta industria, en concreto en las ya famosas Beyond Meat e Impossible Foods. Para erradicar a los animales de nuestros platos, ambas siguen el enfoque de utilizar proteínas vegetales muy similares a las cárnicas para crear versiones de hamburguesas, salchichas y otros productos sin carne, pero que den el pego.

He probado la Beyond Burguer y, aunque efectivamente pasa por una hamburguesa normal con su porcentaje habitual de vaca muerta, tiene un nosequé que no me termina de convencer (aunque, como no hice la cata a ciegas, tampoco sé si me influyó la sugestión). Así que, como no creo que vaya a tener voluntad de volverme vegana a corto plazo, para Gates represento el tipo de consumidor clave para este tipo de productos, tal y como afirmó en una reciente conversación abierta a través de Reddit.

QUESO SUIZO DE VACA

Cualquiera diría que el bueno de Bill siente una predilección exacerbada por estos rumiantes y quiere protegerlos a toda costa. Pero lo cierto es que, como en su libro, su foco principal está en la reducción de emisiones de efecto invernadero en general, sea por la vía que sea. Al igual que la estrategia de lucha tipo queso suizo (por los agujeros) que se utilizó para frenar la pandemia de coronavirus, y que consiste en sumar muchas medidas de impacto parcial para lograr un mismo objetivo (mascarillas, distancia social, pasaportes COVID-19, rastreo de contactos), la emergencia climática requiere el mismo tipo de ofensiva en múltiples frentes. De hecho, a pesar del bum por las vacas neutras en carbono y de los buenos resultados preliminares, su impacto en el mundo real no está del todo claro.

La única bala de plata en el horizonte que podría frenar las emisiones de la industria cárnica está en la carne cultivada en laboratorio. Esta alternativa sí es de origen animal, lo que reduce los problemas de sabor y textura, y solo necesita unas cuantas células para hacer crecer un filete en una placa de Petri (algo que me imagino como una especie de rollo de kebab en un tubo de ensayo). Al formarse a partir de un cultivo celular, esta alternativa evita tanto el sacrificio de animales como los impactos derivados de criarlos, tanto sus gases como su consumo de agua, terreno y cereales para el pienso. Sin embargo, su competitividad económica todavía está en el aire.

Por muy bueno que sea este sustituto, tampoco servirá si cada hamburguesa cuesta lo mismo que un Ferrari. Y la carne basada en proteínas vegetales sigue enfrentándose al estigma del sabor y al de aquellos que no pueden considerar carne nada que no implique matar bichos. Por eso, en lo que se refiere a nuestras contaminantes vacas, la decisión de Gates de invertir en proyectos para reducir el metano de sus digestiones representa la última pata bovina que le quedaba por cubrir, después de intentar convencernos de que dejemos de consumir carne y de ofrecer alternativas vegetales a los que queramos seguir disfrutando de ella sin sentirnos culpables. Si usted no pertenece a ninguno de estos grupos y sigue aferrado al bando del filete natural, las vacas verdes son la vía con la que Gates intenta que su insostenible dieta lo sea un poco menos.

Sobre la firma

Marta del Amo

Periodista tecnológica con base en ciencias. Coordinadora editorial de 'Retina'. Más de 12 años de experiencia en medios nacionales e internacionales como la edición en español de 'MIT Technology Review', 'Público', 'Muy Interesante' y 'El Español'.

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