Pelucas a la mar. Por @RhizomatikaLab

De aquel encierro, esta “libertad”. Javier Milei: ¿por la boca muere el pez?

En cuestión de horas un presidente que no tiene muy claro lo que significa tal cargo, apoya una estafa, sale en medios a destruirse en horario de máxima audiencia y, casi paralelamente, es denunciado en Estados Unidos ante el Departamento de Justicia, el FBI y la SEC por la supuesta comisión de “operaciones criminales”.

Han sido 14 meses. 14 largos meses. El intocable outsider no cometía errores tan graves como para que su confianza se tambalease ni un poquito. De hecho, le hubiera venido genial no cometer su primer gran error casi en simultáneo al procesamiento por violencia de género de su antecesor, Alberto Fernández.

Milei caía en su propia trampa cuando hubiese podido reivindicarse una vez más como el salvador del desastre que lo precedía. En vez de eso, se pegó un tiro en el corazón mismo de su narrativa. Algo así como lo que hizo Alberto Fernández en medio de la pandemia. Él, que llegó a ser presidente sin demasiada confianza incluso en sí mismo por arrastrar voto de Cristina Fernández de Kirchner y no suyo propio, logró subir su buena imagen en los primeros meses de la pandemia por saber contener una ola que hubiese arrasado al país sin tiempo para preparar la diezmada infraestructura sanitaria. Él, abogado, hombre del derecho, recto ante la imagen pública, tiró toda esa percepción de protector cuando se filtraron imágenes de una fiesta privada en la residencia oficial en los días en los que toda la Argentina se desquiciaba encerrada a cal y canto en sus domicilios. De ahí, la única salida oxigenante eran las pantallas. Y ahí entra en juego nuestro segundo personaje: el peluca Milei. De aquel encierro, esta “libertad”.

Milei, que arraigó su poder entrando en la intimidad de esa gente frustrada y dolida con quien les había prometido rigor y salvaguarda pero que, sin embargo, se pasaba la pandemia no sólo en fiestas con amigos, sino también en encuentros privados con mujeres, tal y como se ha filtrado en videos posteriores a la denuncia que puso contra él su mujer Fabiola Yáñez, comete por fin un error garrafal. Y digo por fin porque estaba tan asentado en las encuestas que la oposición sencillamente seguía mirando perpleja la realidad increíble que pasaba ante sus ojos. Solo él mismo era capaz de destruirse. Y lo hizo o, por lo menos, empezó a hacerlo con la misma voracidad con la que llegó a la Casa Rosada. Porque en este tiempo Hype -lo que Luis Ignacio García llama cultura Hype, como reducción de hyperbole, refiriéndose a grandes expectativas que se generan artificialmente en torno a un tema que se acaba convirtiendo en tendencia-, aupar líderes es tan fácil como generar estafas en cuestión de minutos. Todo se infla y cae, pump and dump, el fraude bursátil, lo que toda la vida llamamos estafa, pero, en este mundo hiperbólico y veloz, deviene mucho más salvaje. Tanto que en cuestión de horas un presidente que no tiene muy claro lo que significa tal cargo, apoya una estafa, sale en medios a destruirse en horario de máxima audiencia y, casi paralelamente, es denunciado en Estados Unidos ante el Departamento de Justicia, la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y la SEC (Comisión de Valores norteamericana), por la supuesta comisión de “operaciones criminales”.

Es interesante analizar el cómo, el por qué y hacia dónde nos puede llevar esta grieta imprevista en el auge de la extrema derecha mundial. Hemos dicho que, ante tanta incredulidad, quienes supuestamente pueden enfrentarla sólo miran impávidos ante la locura que se cierne sobre los sillones presidenciales de los distintos países que, hasta hace cinco minutos, todavía eran democracias liberales. Dada esa parálisis en la estrategia opuesta, lo único que queda es que alguien como el líder outsider de ojos azules, estrella internacional de la motosierra y animalillo salvaje, genere su propia guillotina. Y eso es lo que hizo el pasado viernes y los días posteriores tratando de salir de un atolladero del que difícilmente encuentre formas de asirse para volver a ser el outsider que tantos amaban. ¿Por qué? Porque hizo lo mismo que su antecesor, Alberto Fernández, pero a una velocidad supersónica. Si Fernández se hizo respetar por ser un hombre de ley, recto en la pandemia, riguroso y cabal -al menos esa fue la percepción que logró ofrecer al grueso de la población por un tiempo-, Milei se hizo respetar por estos tres rasgos: primero, no venía de la política; segundo, es anarcocapitalista, es decir, cree en el libremercado absoluto; y, tres, es referente de un nuevo sueño posible, una ilusión alentadora para estos tiempos de frustración, caos y velocidad, que no es otra cosa que “pegarla”, como dicen en la Argentina, o “timbear” hasta que las cartas que te salgan sean las buenas. En otros términos, “emprender” en el mejor de los casos hasta que tengas éxito o, más rápido, “invertir” en crypto para llevártelo crudo con subidas y bajadas hiperbólicas, pump and dump, montaña rusa financiera. ¿Qué problema hay? Dijo él. Y bueno, parece que hay varios, ¿no? Al menos eso parece con la manada de fieras que están furiosas en redes porque les han estafado: Saturno devorando a sus hijos, edición ciberpunk protagonizada por un incrédulo Javier Milei.

Pero volvamos un momento a la tierra, porque, en este caos, los “anarco-presidentes” todavía usan elementos tradicionales como rendir cuentas a la opinión pública, o intentarlo. Con ese objetivo, la entrevista “sin edición” que se filtra realizada por el periodista de TN Jonatan Viale es un desastre porque todo el país puede ver cómo es el teatro detrás de las cámaras: cómo la política también se ha convertido en un espectáculo macabro en el que el periodismo no sólo no cuestiona al poder, sino que apoya y asume su aquiescencia. Pero ojo, no todo el periodismo, porque Hugo Alconada Mon, por ejemplo, contó desde el principio qué había detrás de la trama.

Y Alejandro Bercovich investigó como corresponde y encontró la raíz del asunto que, lamentablemente, parece que tiene causas mucho más mundanas y conocidas por el pueblo traicionado, otra vez: la gris corrupción. Bercovich habló de personas que sí conocen el ambiente crypto y que son hasta serias, incluso muy serias, tan serias que sí se preocuparon por la estafa LIBRA y lo advirtieron por el bien de su país, de la reputación de su país, cosa que el presidente echó por tierra una vez más. En la entrevista de Viale, Milei presidente evidenció que sufre una grave confusión: no entiende él mismo si es economista o la máxima autoridad de un país, o si las dos cosas a la vez o tal vez ninguna al mismo tiempo. Tampoco entiende que X, ese lugar maravilloso que su ídolo Elon Musk promueve, sea de repente su peor trampa. Cuando le decían que había colaborado en la estafa de 40 mil personas se defendía diciendo que como mucho eran 5 mil: las personas no le importan, le importan los números, eso es evidente. Y no miente, sigue sin mentir. Milei dice y repite lo que siempre defendió. Dijo que por supuesto apoyaría a emprendedores de ese tipo de negocios porque la Argentina necesita oportunidades así. Apoyar a quienes se “arriesgan”: un Estado emprendedor a lo Mariana Mazzucato, pero sin ningún control, lo cual complejiza un tanto el asunto, sobre todo porque es obvio que Milei no tiene nada claro cuál es su rol. Es normal: ser anarcocapitalista y presidente a la vez no es fácil. ¿Es economista aún, presidente al mismo tiempo, ciudadano común, estrella del rock? Todo es confusión. Tanto que fue partícipe necesario (sin el tuit del viernes por la noche promocionando la meme coin $Libra, nada hubiese sucedido) en una estafa de escalas hiperbólicas y, sin embargo, él no detecta tener responsabilidad alguna. Esa estafa no sólo daña su imagen respecto al pueblo que confió en él, sino, sobre todo, la confianza que su “ciudadano ejemplar” tenía en él. La “gente de bien”, como le gusta definirla. Es decir, el nuevo arquetipo de un joven trader que desde su teléfono móvil juega a timbear hasta que la pega, dicho en argentino, y dicho en España: pequeño inversor que juega a la inversión bursátil en crypto con la esperanza de que un día la cosa le salga bien y sus ganancias se multipliquen para hacerse asquerosamente rico. Tan rico como los magnates tecnofeudales que están tomando las riendas de su país de referencia y adoración: EEUU. Nada más horrible que ser estafado por tus propios ídolos.

Y aquí está la grieta, la oportunidad de crear una narrativa distinta que vuelva a ilusionar con un arquetipo distinto. Porque la aceleración esta vez les está jugando en contra. La realidad increíble que está creando este personaje de peluca desordenada y mirada gélida también llamado Javier Milei, así como sus asesores más cercanos, puede encontrarse ya en Nick Land y Sadie Plant, fundadores del colectivo CCRU (Unidad de investigación de Cultura Cibernética). Este momento histórico que vivimos no es más que el paso a la realidad de lo que su aceleracionismo promovía. Lo que está ocurriendo a nivel mundial con la organización e interrelación de la extrema derecha es un fiel reflejo del pensamiento que se desarrolla en torno al concepto de la Ilustración Oscura, de Curtis Yarvin, entre otros. Si la ilusión de progreso ha dejado de tener sentido, ellos han creado narrativas que sí encajan con una promesa verosímil en un mundo que funciona a través de comunicación hiperbólica y veloz.

Pero, a veces, falla: siempre hay grietas. La primera es la que el peluca Milei ha perpetrado el día de los enamorados: ojalá alguien del otro lado sepa tomar esa rendija de luz y auparse en una nueva narrativa inspiradora en la que logre transmitir con eficacia algo evidente. ¿El qué? Que el anarquismo no tiene nada que ver con dejar que la ruleta rusa te pegue a bala o vida sin control alguno, sino con establecer redes de contención en las que todas las personas tengan las estructuras suficientes a su alcance para lograr ser quien realmente desean. Soñar lo imposible para lograr lo necesario, como siempre escribo en la dedicatoria de mi ensayo Flores en la basura, que trata justamente de crear una narrativa inspiradora y alternativa ante tanta frustración con el futuro que los jóvenes mastican. Quiero creer que este caso es un síntoma. Quiero creer que hay unos cuantos anarquistas buenos creando las condiciones para que la Ilustración Oscura no cabalgue a sus anchas. Ya que la política tradicional se percibe incapaz, en tiempos en los que la democracia liberal está herida de muerte, cabe repensar quiénes pueden ser los salvadores que sepan jugar con las mismas armas. Internet nació para conectar a las personas, los hackers no tienen por qué ser el diablo, pueden también crear las condiciones para un nuevo despertar. $LIBRA fue un destello de luz. Ojalá se repitan ejemplos así en sus propias plataformas y con sus propias armas, hasta que se cieguen. Ojalá ocurra antes de que todo se destruya.

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