Para los usuarios, Internet es todo lo que ven en sus pantallas: páginas web, correo y redes sociales. Pero por debajo, invisible a sus ojos, una majestuosa infraestructura lo sostiene todo. Ahí, la actividad es frenética. Una transformación silenciosa está en marcha.
A finales de año, como ya es tradición, Cloudflare publicó su resumen anual sobre el estado de Internet. El principal dato es que en 2025 el tráfico creció un 19%. Y lo hace sobre una base de seis mil millones de usuarios. El smartphone, con una cuota del 70%, se consolida como la principal puerta de acceso a la red. Esto hace Internet más accesible.
Además, la conectividad por satélite lleva Internet donde antes no existía. Empresas como Starlink han multiplicado su tráfico en los últimos años. Contribuye al crecimiento, pero explica solo una pequeña parte. Amplía cobertura en zonas remotas y sirve de respaldo en procesos críticos.
Otro vector de crecimiento es el uso de servicios como buscadores y redes sociales. Aquí hay pocas sorpresas. Google y Meta siguen dominando la escena por cuarto año consecutivo. Su posición estable en la cima sería aburrida si no fuera porque, en paralelo, ChatGPT emerge como el servicio más popular. Ya no es un experimento. Es un gesto cotidiano.
Lo interesante es que más de la mitad del tráfico lo generan las máquinas, no las personas. Mientras los usuarios están ocupados actualizando los feeds de sus redes sociales o leyendo el correo, un auténtico enjambre de bots rastrea e indexa contenido.
El crawler (rastreador) de Google genera más actividad que todos los demás bots de IA juntos. El dato es revelador: pese al auge de la IA generativa, el contenido sigue descubriéndose en gran medida a través de buscadores.
Los bots de IA rastrean la red con tres objetivos distintos: entrenar modelos de lenguaje, realizar búsquedas en interfaces conversacionales o ejecutar tareas dirigidas por usuarios. Por ahora, el entrenamiento es el que concentra la mayor parte del tráfico.
Internet ya no es solo personas hablando entre sí. Cada vez más, son máquinas hablando con máquinas. La mayor parte del tráfico se automatiza. Y este proceso destacan las plataformas cloud. Solo los bots de Amazon originan el 9 % de este flujo de datos. No sorprende, por tanto, que Estados Unidos sea con diferencia el país que más tráfico de bots genera, con un 40 %, seguido de Alemania, con un 6,5 %.
Hay algo inquietante: no toda esta actividad la realizan bots verificados, con un dueño conocido. El crimen también participa. Aquí se libra una batalla silenciosa: solo este año, la red de Cloudflare absorbió múltiples ataques de denegación de servicio (DDoS) masivos, que batieron récords por su tamaño (31 terabits por segundo). Las defensas los detectan y detienen directamente desde la red.
En la infraestructura se toman decisiones de protección de calado que los usuarios desconocen. El cifrado postcuántico ya protege a más de la mitad del tráfico de Internet. No será trending topic. Pero es un paso decisivo para convertir la red en un espacio más seguro.
Existe preocupación real de que la computación cuántica pueda pronto romper el cifrado actual de Internet. Por eso, cifrar el tráfico con una encriptación resistente es necesario y, dada la geopolítica actual, también urgente.
En países como España, Internet funciona de forma continua, pero hay excepciones. El apagón eléctrico lo demostró. Sin embargo, en otras partes del mundo los gobiernos cortan el flujo de datos a propósito. De hecho, es la principal causa de grandes interrupciones de Internet, responsables de casi la mitad de las 174 disrupciones globales observadas en 2025. Este año Irán ya lo ha llevado a cabo.
Existen situaciones en las que no se busca la censura interna, sino el sabotaje. Provocar un impacto en países adversarios. Este es el caso de los cortes de cables submarinos. Pero en este caso la estadística no distingue entre accidente y sabotaje deliberado. La infraestructura física es vulnerable y se ha convertido en un objetivo para dañar a los rivales y a sus economías.
Europa avanza sin hacer ruido. Los países europeos lideran los rankings globales de velocidad y calidad, con España a la cabeza. No es solo una estadística: impacta en la productividad y permite a los negocios digitales ofrecer mejores experiencias de usuario. Es una forma de medir la salud de una economía digital en expansión.
Todos estos datos, extraídos del informe de Cloudflare, dibujan un 2025 en el que Internet no solo ha crecido, sino que ha cambiado de piel. Es más rápida, está más automatizada y mejor cifrada, pero también está cambiando su naturaleza.
Una transformación silenciosa que solo se aprecia cuando alguien, por un momento, mira más allá de la superficie de Internet y se atreve a adentrarse en sus entrañas.