Everybody knows that the dice are loaded
Everybody Knows. Leonard Cohen
Everybody rolls with their fingers crossed
Everybody knows the war is over
Everybody knows the good guys lost
Shayne Coplan es, con 27 años, el billonario más joven del mundo. Para lograrlo, tomó una decisión personal arriesgada. En plena pandemia abandonó la universidad para crear un negocio basado en dos tendencias: las criptomonedas y los contratos inteligentes.
Pocos años después, a finales de 2025, su empresa Polymarket recibió una inversión de 2.000 millones de dólares de Intercontinental Exchange (ICE), propietaria de la Bolsa de Nueva York (NYSE), tras valorarla en 9.000 millones.
A primera vista, su actividad se parece a la de una casa de apuestas tradicional. Se arriesga dinero a favor de un acontecimiento futuro, ya sea una decisión de política monetaria o el desenlace de un evento deportivo. Entonces, ¿qué justifica esa valoración?
Para empezar, tres características la diferencian de una casa de apuestas. La primera es que los participantes crean contratos entre ellos de forma descentralizada. La segunda es que no tienen que esperar al desenlace para venderlos. Pueden hacerlo en todo momento siempre que encuentren comprador. Y la tercera es que el precio de cada contrato lo fija el mercado según oferta y demanda, no un algoritmo. Bien mirado, se parece más a un mercado de futuros financiero.
Polymarket tiene reservadas dos funciones importantes. Por un lado, valida el resultado de cada evento, que se definen como binarios: sucedió o no sucedió. Por otro, actúa como intermediario casando ofertas de compra y venta entre los participantes.
Este mercado se sustenta en una plataforma tecnológica basada en blockchain, que gestiona contratos inteligentes y transacciones en criptomonedas. El blockchain aporta transparencia: se pueden verificar las operaciones en tiempo real. Pero, al mismo tiempo, las apuestas son pseudoanónimas: se sabe qué cartera participa, no quién la controla.
Polymarket cobra una comisión por cada transacción. Cuanto más volumen de contratos, más ingresos. Pero incluso con volúmenes muy elevados, las comisiones por sí solas no justifican una valoración de 9.000 millones de dólares. Tiene que haber algo más.
En 2024, la plataforma alcanzó una gran popularidad durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Mientras los sondeos reflejaban un empate técnico entre los candidatos, la plataforma señalaba con claridad a Trump como vencedor. A ello, más tarde, se sumó la postura favorable del nuevo presidente hacia las criptomonedas, que contribuyó a disipar los temores regulatorios que pesaban sobre la plataforma desde 2022, cuando la CFTC la obligó a bloquear el acceso de usuarios estadounidenses por operar sin licencia.
Las condiciones se volvieron muy favorables. Donald Trump Jr. se incorporó a su consejo asesor, y su fondo 1789 Capital se sumó a un accionariado en el que ya participaba el conocido Peter Thiel. La empresa creció rápidamente y el número de participantes se disparó durante 2025. Al mismo tiempo, periodistas, analistas y operadores financieros empezaron a mirar Polymarket no como una web de apuestas cripto, sino como una fuente de información valiosa para anticipar el futuro.
En ese momento entra en escena ICE. Su inversión se justifica como una pieza que complementa su infraestructura de información. Un nuevo flujo de datos en tiempo real sobre eventos con impacto en los mercados. Otros competidores como Kalshi adoptan un enfoque más institucional. Polymarket amplía el tipo de acontecimientos relevantes. Por ejemplo, a principios de 2026 recogía información sobre la posibilidad de que Nicolás Maduro abandonara el poder en Venezuela.
En ese sentido, no solo mide expectativas, sino que captura información estratégica que los mercados tradicionales no suelen procesar a esa velocidad. Su modelo de negocio, además de las comisiones, también incluye la venta de esos metadatos. En el fondo, es eso lo que valora ICE. Pero hay algo más, algo inesperado que empieza a revelarse.
En enero de 2026, justo antes de que Estados Unidos llevara a cabo una operación militar en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, varias cuentas de la plataforma realizaron apuestas inusualmente altas a favor de la captura del líder venezolano. Una de ellas movió decenas de miles de dólares. Cuando la operación se conoció, obtuvo pingües beneficios.
¿Casualidad? ¿Intuición? ¿O alguien sabía algo? En los mercados financieros tradicionales, el uso de información privilegiada es un delito. Existen normas, trazabilidad y supervisión. En Polymarket no ocurre lo mismo. El pseudoanonimato revela aquí su verdadero valor: permite monetizar información privilegiada sin dejar apenas rastro.
No es solo el caso comentado de Venezuela. Algunos participantes han acertado de forma sistemática el resultado de lanzamientos de OpenAI o decisiones regulatorias, con una precisión difícil de atribuir únicamente a la intuición.
Lo que antes requería contactos en Wall Street y dejaba huellas rastreables, ahora puede hacerse desde un ordenador con una cuenta anónima. El uso de información privilegiada se vuelve más difícil de detectar y perseguir. Esta plataforma no solo permite monetizarla: crea un incentivo para buscarla activamente. Pero, al mismo tiempo, estos movimientos sospechosos ofrecen pistas valiosas a los observadores atentos sobre hacia dónde se inclina el futuro.
No todos observan este fenómeno con la misma fascinación. Hay quien cuestiona que se pueda poner precio a acontecimientos que afectan directamente a la vida de las personas, desde conflictos armados hasta cambios políticos con consecuencias reales.
Shayne Coplan creó algo más que una empresa. Creó una nueva categoría de negocio: lo que hoy se conoce como mercado de predicciones. Y en un mundo cada vez más incierto, resulta ser paradójicamente más valiosa de lo que nadie hubiera podido predecir.